Por dónde le entra el agua el pozo

Casi llegadito de Nueva Gerona con el cubo en la mano. A mi lado Chichi

Casi llegadito de Nueva Gerona con el cubo en la mano. A mi lado Chichi

La música, el dominó, el televisor encendido para los noveleros, más unos pasillos de mi abuela, mi tía Mariela y mi mamá; se presentaban como los ingredientes perfectos para una buena fiesta familiar. Era el cumpleaños de mis tíos más cercanos Chichi y Chan, no son chinos, al nacer quedaron como Misael y Alexander pero, en Cuba crecer sin un apodo es cosa de suerte. El primero vive en Pinar, así que en una semana revoluciona el sentimiento familiar, pues eso lo sabe hacer bien “el cabezón”. Entre tragos de ron muy serios planificamos reparar el pozo, el cual estaba con casi dos metros de fango y, en el campo, el agua es petróleo crudo.
Momentos del trabajo

Momentos del trabajo

El pozo
Mi bisabuelo se dedicaba a la construcción de pozos en la zona, además de la siembra y cría de animales. Como muchos pineros en los campos hasta 1959, no se tenían tierras propias y cuando se tenía era risible la extensión, por lo general se trabajaba para extranjeros. Con la Reforma Agraria, medida cimera de Fidel y la naciente Revolución Cubana, se benefició mi familia. Cucho y Yeyo, hermanos de mi abuela, ayudaron a su padre en la construcción del pozo en el mismo año 1961. Cuenta Cucho que ellos desde 15 pies, unos 5 metros, de profundidad lanzaban la tierra al exterior con sus palas; ahora lo hacía Chan. Ellos dejaron, para nosotros los más nuevos, un agua clara y constante de un fuerte manantial, incluso en las secas más recias de los últimos años.

En familia y unidos no hay problemas para siempre

En familia y unidos no hay problemas para siempre

El problema es nuestro

Cuando corría de niño por los caminos inundados después de la lluvia, era feliz. Había un discreto drenaje atravesando el caserío. Una zanja hecha a arado y bueyes que evitaba la permanencia de agua cerca del pozo. La erosión, por parte de la naturaleza y la despreocupación por nuestra parte condujeron a la obstrucción y deterioro paulatino de la zanja y llegaron las consecuencias. Las anillas de concreto son muy duraderas pero hasta lo más resistente está a prueba con el mellar sistemático.

Ese cubo me sacó el sudor

No sólo el techo se filtra

Mayo, llagaba con lluvias muy frescas; julio, con torrentes lluviosos y ahí era cuando sacaba mis barquitos de papel y las canoas hechas con vainas de meaitos, un árbol de buena sombra. La temporada más húmeda del año pasaba y no se acumulaba agua sino fango. Se filtraba el agua a chorros entre los anillos. Se empezó a hundir la tierra en la base del anillo superior, la que siempre me pareció tan firme. Desde dentro se intentó solucionar el asunto con cemento y, desde arriba con piedras para rellenar el hueco. Ahora recuerdo que tengo algunas fotos del hoyo lateral del pozo en mi muro de Facebook. Y, como es habitual, las soluciones fáciles brindan sonrisas para una noche.

Cogiendo un 5 para una buena foto!!!

Cogiendo un 5 para una buena foto!!!

Gerardito, llena el tanque pa´ lavar

¡Qué frase aquella! Se me opacaba el sábado o se me oscurecía el domingo y, sobre todo, cuando tenía planes de pesquerías con mis primos o Chichi iba para la presa y eso era todo un suceso sociocultural. Por suerte el tanque, el viejo tanque de hierro, estaba pegadito al pozo. El cubo por el aspecto era hijo del tanque, entre magullones y partiduras sostenía no más de 10 litros de agua. Cuando un es niño todo gira en torno a impulsos emergentes por lo que logran que la inteligencia te ayude a hacerlo todo al revés. Mis técnicas eran varias: dejar caer el cubo al fondo, por un mal nudo; alar rápido, para que los bandazos del cubo en los anillos partieran la soga; ponerme de frente al sol y con el sudor simular una cansancio atroz y ganar, en el sentimiento de madre, una escapada a jugar y, por último, trabar “semintencionalmente” la soga en la rondana. Un día casi caigo ¡Qué susto! En el brocal afilé varios machetes cuando me disponía a chapear el patio y las limas no aparecían. Y muchas veces me tocó bajar hasta su corazón oscuro y húmedo a limpiar sus venas.

Parte de la familia reunida en torno al pozo y a Chichi

Parte de la familia reunida en torno al pozo y a Chichi

Un día de 34 horas

Tras el ajetreo de trabajo de un viernes en un semanario en cierre, me dispuse a ir a la finca. La convocatoria había sido un éxito, pero al final sólo cinco realizamos la primera parte del trabajo. Excavamos alrededor de pozo para sellar los espacios entre anillos a una profundidad de un metro por persona. Las mujeres, sentadas en un banco natural hecho por el Gustav en 2008, conversaban sin parar. Lo primero que hice fue “cargar las pilas” con una rica caldosa y unas yucas muy blandas. Sustituí a Chichi subiendo cubos de tierra. Cainet los llenaba en el fondo. A veces subían pedazos de piedras depositados ahí hace 52 años. Cargué la arena y el cemento para la mezcla que magistralmente usó Pito, un amigo albañil de la familia, en el sellado.

Lo más importante…después del agua

Contribuir es lo más importante en mi opinión. Estar ahí, reírnos juntos, trabajar, ayudarnos aunque la distancia nos limite en el día a día. Dijo Martí que “El deber de un hombre es estar allí, donde es más útil”. Se tomaba ron, yo no podía, los chistes y anécdotas de la escuela y de pesquerías no faltaban. Cayendo la noche terminábamos la primera etapa y llagaban en carretón, desde la Demajagua, mis primas Yaneisi, Yanelis y Yadira; las primeras con sus niños que no paraban de correr. El dominó regresó y la fiesta quedó servida. Todavía falta por hacer y, sobre todo, esperar para ver por dónde le entra el agua al pozo.

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