Chan realizando su sueño entre olas

Regresando del mar, su amigo Braulio sentado y Chan disparándole a mi lente

Regresando del mar, su amigo Braulio sentado y Chan disparándole a mi lente

Mis primeras incursiones en el mundo de la pesca fueron en arroyos, lo cual llamaría en Ligas Menores, me iba de ayudante de mis tíos Chichi, Chan o Cainet. Luego me fui independizando cuando le fui perdiendo el miedo a las profundidades, a las ranas de toro, majaes, a las anguilas y otros animales y mitos de los campos.

Con 9 años me gané el ascenso a la AAA al formar parte de los viajes casi familiares a buscar naranjas y a la presa de Palo Seco, un recodo del embalse Viet Nam. Un tanto más lejos estaba el puente derrumbado a donde iba con Chichi a revisar las nasas en busca de tilapias y jicoteas grandes, yo no siempre era muy valiente, sobre todo en los días de lluvias en que todo estaba revuelto el agua se tornaba amarilla y viejos trozos de árboles del fondo de la presa deambulaban como cocodrilos, pero eran los días de mejor captura.

En una ocasión en una zona que se llamaba el fanguito acabamos con un paño 45, las tilapias de buen tamaño salían ante nuestra bulla con varas en la malagueta, impresionante. Para allá íbamos en viejas bicicletas o en una carreta tirada por bueyes. El fango nos daba a la cintura así que era mejor moverse de lado que intentar caminar. Esa vez fuimos los 4 más mi primo Yunito quien era el ayudante, yo ya era pescador.

Más o menos cuando estaba en 6to grado llegué a las Grandes Ligas, al mar y en nada menos que los Barcos Hundidos, los que hayan visitado el Colony saben donde están. A las 5:40 am pasaba la 441, ya extinguida o adherida a la 440 que es la ruta que va de Gerona-Argelia y Gerona-Colony. Chan y Cainet me llevaron aunque mi mamá no estaba muy contenta pues yo no era aún un buen nadador.

Caminamos hasta el 6to estero y a nadar para el barco hundido, en esa área hay dos embarcaciones pero sólo una emergía del agua. Allí casi pesco mi primer pargo. Lo hice todo menos sacarlo del agua, tenía unas 7 libras pero le emoción que sentí me enamoró de las pesquerías hasta hoy. Soñábamos con una embarcación para pescar a lo grande. Aventuras han sido muchas al Soldado, el Rancho de Adolfo, el Malaguetal, la Majagua, el estero de las Piedras por decir de algunos lugares a los que hemos ido solo en la zona oeste.

Cainet trabaja en Punta del Este así que su amor por la pesca está resuelto. Chichi vive hace 18 años en Pinar del Río por allá me llevó al Cuyaguateje y saqué unos peces gato tremendos. Yo sigo en las orillas con el agua al cuello y mis varitas. Y Chan sí que llegó, pues después de disímiles planes y largos meses detrás de piezas, torneros y permisos, con su cuñado y demás amigos en torno a la embarcación esté saliendo a pescar a mar abierto en su barquito. Quemado del sol, con cara de pescador y realizando su sueño entre olas.

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