A manos juntas

Nada mejor que un momento de incertidumbre para amistarse y, en eso nos ayudó el huracán Gustav

Nada mejor que un momento de incertidumbre para amistarse y, en eso nos ayudó el huracán Gustav

¡Aguanten! Que el aire cambió de dirección y con más fuerza, nos decía Sergio a Alexis y a mí, mientras los tres éramos parte de un momento único, inesperado y heroico. Y pensar que tan solo una hora antes los vientos eran otros.
El paso por la Isla de la Juventud del huracán Gustav, de categoría 4, era, el mediodía del sábado 30 de agosto de 2008, un hecho. Ubicados los del “Victoria” además de los corresponsales Ana Esther y Roberto Martorell en el salón interno de la instalación que nos acoge en estas circunstancias, contábamos con lo necesario para nuestro trabajo: fluido eléctrico y conectividad. Lejos de nuestras familias, acuartelados para obtener y registrar las noticias aún mojadas y desaliñadas por el viento. Recordar a todos los que estaban es algo serio y olvidar a alguien mucho más, entonces mejor decir que reíamos de momento quizás nerviosos mientras los ruidos de las fuertes rachas de vientos nos aturdían pensábamos en una frase casi célebre “este es el local más seguro de la sede”. En un santiamén caía estruendosamente el falso techo justo arriba de Pepe, en el momento en que Ana pasaba un correo, y las jóvenes canas del web máster se reforzaron con polvo de yeso. Nadie salió herido, pero reinó el silencio por varios minutos. Llegó la calma, no dije a la familia a dónde iba, salí.
Pasaba el ojo del Gustav sobre Nueva Gerona mirando sus primeros resultados y yo por enfrente a Medios de Propaganda, sus instalaciones semi sumergidas. Las casas al frente de la farmacia sin techos y el agua del río ocupando todo. Quería cruzar el puente. Una palma de lo que aun era el Palmar navegaba en una inmensa laguna sobre la carretera y hasta escasos metros de la bodega de la esquina adyacente. La valla de bienvenidos a Nueva Gerona hacía una reverencia a los caminantes.
Fotografías hice: el puente, el río las Casas furioso, sin límites; la gente curiosa, los desesperados, los aventureros, los irresponsables y hasta a los que hormigueaban en busca de objetos flotantes. La Pesca, el Rio Init naufragando. Subí a una de las barandas del puente buscando vistas más generales cuando sentí un viento frío en sentido contrario al los árboles caídos y comenzaba a oscurecerse sobre las 3:30 de la tarde. No regresé por donde mismo, pues había sido mucha suerte caminar por la acera que no veía con el agua sobre la cintura y palmas, así que subí hasta la calle 13 y crucé el palmar hasta llegar a la sede. Muchas palmas habían caído. La tregua había finalizado. Creo todavía que podía haber hecho mucho más aquel día con la cámara en mano.
Sin presentación reiniciaron los soplidos en agresivas rachas de vientos, ahora sin la protección de la recepción vendrían otras situaciones. Minutos después de sentidos estruendos y sonidos rara vez recreados por el cine notamos que por debajo de la puerta que daba el patio entraba agua y restos de plantas. La puerta al otro extremo del local estaba abierta; con un golpe contundente se abrió la puerta más vulnerable y en un intento de Niurka de cerrar la otra casi pierde un dedo cuando ésta se cerraba a una velocidad tremenda por la fuerte circulación de aire: exclamaciones, pequeñas carreras, las hojas, las computadoras, unas lágrimas.
Lo más urgente fue evitar la entrada de lluvia al local, por nuestra seguridad y la del equipamiento que no era poco. Recuerdo el grito de Niurka. Pocas veces en nuestro contexto se siente en carne propia los peligros de nuestra profesión. Sergio, Alexis y yo saltamos de nuestros cuerpos y en un segundo a seis manos soportamos el embate sin igual del Gustav hasta trabar la puerta. El cabo de los años aprecio que lo más difícil no fue lo que vivimos en el cumplimiento de nuestro deber sino agigantarnos para hacer nuestro trabajo excepcional en un momento excepcional. No hubo ni antes, ni durante, ni después en la Isla viento más fuerte que el de la prensa, a manos juntas, al lado de su pueblo.

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